Francia y sus 10 pueblos colgantes

Castillos y fortalezas se construyeron en territorio galo entre los riscos, buscando situarse en puntos elevados, recónditos y poco accesibles, garantizando así su defensa y protección. Alrededor de estas construcciones fueron creciendo aldeas y muchas de ellas forman parte de la asociación de Los Pueblos más Bellos de Francia, creada en 1982 para promover el turismo en pequeños municipios rurales. A continuaciones te mostramos los 10 pueblos más hermosos de Francia:

ROCAMADOUR, LA CIUDADELA SANTA

Construido en una grieta sobre la gran garganta del río Alzou, está considerado uno de los pueblos más bellos de Francia, situado en el departamento del Lot. Alrededor de esta leyenda creció la Capilla de Notre-Dame, un santuario excavado en la roca y lugar de peregrinaciones, donde se venera la tumba del santo y la talla de una Virgen negra del siglo XII. Actualmente, en la Esplanade du Sanctuaire, a la que se llega subiendo por una gran escalinata de piedra con 216 peldaños, se reúnen entre casas de piedra diversos edificios religiosos. Con el tiempo el pueblo se convirtió en etapa de la Ruta Jacobea que desde Europa se dirigía a Compostela

NAJAC, UNA SERPIENTE EN EL CORAZÓN DE UN BOSQUE

En lugar de tener casas en espiral con un castillo en lo alto, creció como una calle extendida en el corazón de los bosques del Aveyron. Najac se abraza perfectamente a la cresta rocosa. Mientras se caminó en horizontal sobre este roquedo, los diversos monumentos de la ciudad se suceden uno tras otro, como la fuente monolítica que data del siglo XIV o las casas más antiguas del pueblo. Sobresale por ser un perfecto ejemplo de defensa militar medieval, por tener las aspilleras más altas que se conocen y una Torre del Homenaje 

ÉZE, LA ROCA DE LA RIVIERA FRANCESA

Un pequeño pueblo literalmente encaramado a una elevación en primera línea de costa que hace de mirador sobre el mar. Situado cerca de Niza, se eleva a 427 metros sobre el collado d’Eze. Este pueblo colgante invita a un delicioso paseo en un entorno mediterráneo. Está coronado por una iglesia y una gran explanada que hoy hace de balconada, y conserva vestigios de su antiguo castillo. Sus calles, adornadas como un jardín con una vegetación exótica, han sido exquisitamente restauradas, algunas incluyendo los característicos callejones cubiertos provenzales con empinadas escalinatas. 

CORDES-SUR-CIEL, TOCANDO EL CIELO

Cordes-sur-Ciel fue una de las primeras bastides colgantes, fundada por el conde de Toulouse el año 1222. Conserva intactas las murallas con las puertas a la ciudad, y sus estrechas calles adoquinadas, llenas de casas góticas. Destacó como un enclave inexpugnable, pero, justamente por ello, fue muy castigada. En la Edad Media, aquí se refugiaron habitantes de los pueblos asediados por el mítico Simon de Montfort, y monjes-soldado cátaros que huían de la persecución del obispo de Albi. La restauración del pueblo de 1940 devolvió la belleza original de este pueblo de la Occitania francesa.

PONT-EN-ROYANS, A RAS DEL AGUA

En el siglo XVI, el puente de Pont-en-Royans era un paso estratégico entre el macizo de Vercors y el valle del Isère. Aquella pasarela de piedra dio origen a un pueblo por el que discurría la ruta del transporte de madera por el río. Así nació Pont-en-Royans. Al ir creciendo el pueblo, los habitantes decidieron construir sus viviendas en línea adosadas al muro pétreo, casi rozando la ribera del río. La mejor vista para comprobarlo se obtiene desde los miradores instalados en la otra orilla. 

GORDES, UN PUEBLO CON RAÍCES

Gordes es un perfecto ejemplo de construcción medieval y un singular enclave colgante, pero también subterráneo, del departamento de la Vaucluse. Creció en lo alto de un acantilado para proteger a sus moradores, con sus casas construidas en espiral y un castillo originario del siglo XI coronándolo. Lo singular de este pueblo, desde el que se disfruta de una amplia vista del macizo del Luberon, es que una vez tuvo una vida subterránea. Los habitantes vivían en sus casas, pero las actividades artesanales y comerciales las desarrollaban bajo tierra en habitáculos excavados en la roca. Muchos han sucumbido al paso del tiempo, pero se puede ver algún ejemplo bajo el Palacio de Saint-Firmin, donde quedan restos de molinos de aceite, aljibes y otros elementos de este pasado troglodita. La aldea colgante salva los desniveles con calles empinadas y en ocasiones con escalinatas y algún túnel, por los que se comunican las casas, molinos y monumentos.

BEYNAC-ET-CANEZAC, EL PUEBLO QUE TREPA POR LA COLINA

El valle del Dordoña preserva la esencia natural y cultural del corazón de Francia, con sus llanuras con viñedos y fortalezas de aire medieval. Desde la base del río se sube a los distintos niveles que hoy presenta el pueblo por un empinado camino, encajado entre las casas que a partir de la Edad Media empezaron a construirse adosadas a este acantilado del río Dordoña. Arriba, las callejuelas están flanqueadas por casas con fachadas de entramados de madera. Su iglesia de Saint-Jacques recibía peregrinos que desde el corazón de Europa se dirigían a Santiago de Compostela. En la plaza Pélissière aún se conserva la fuente en la que se refrescaban al llegar al pueblo.

LA ROQUE-GAGEAC, UN JARDÍN TROPICAL JUNTO AL DORDOÑA

La Roque-Gageac es un pueblo colgante de la región de Aquitania. Nació sobre el estrecho margen que hay entre el acantilado y el cauce del Dordoña, junto al cual se extiende con una única calle donde se levantan sus casas de tejados rojizos y muros de roca amarilla extraída en otros tiempos de estos mismos precipicios. Con el paso del tiempo, este pueblo encantador fue creciendo trepando por la pared rocosa que lo preside, hasta completar una postal magnífica. La visita invita a recorrer sus tranquilas callejuelas, su bastión excavado en la roca y sus plazas adornadas con una vegetación tropical de palmeras, árboles de plátano, higueras y cactus, que allí crecen gracias a un microclima especial.

CASTELNAUD-LA-CHAPELLE, UN BASTIÓN IMPONENTE

Castelnaud fue creciendo en terrazas sobre la colina, destaca por sus dos castillos: uno es la imponente fortaleza medieval del siglo XIII que corona la localidad; el otro, el Castillo des Milandes, situado a las afueras y de estilo palaciego. Hoy en día, alberga en su interior el Museo de la Guerra Medieval, donde se exhibe una colección de armas y armaduras medievales, así como máquinas de asedio. El pueblo forma parte de Les plus beaux villages de France.

SAINT-CIRQ LAPOPIE

La coqueta localidad de Saint-Cirq-Lapopie preside un roquedo que se levanta desde la orilla del río Lot, en el departamento del mismo nombre, en pleno corazón del Parque Natural des Causses du Quercy.  Este pueblo encaramado conserva el encanto de sus callejones empedrados y sus casas medievales adornadas con flores. Saint-Cirq-Lapopie es Monumento Histórico, y figura asimismo en la lista de los pueblos más bellos de Francia. Es además un destino atractivo para los pintores, por lo que acoge a numerosos jóvenes creadores que ofrecen sus trabajos en las galerías de arte surgidas en este pequeño enclave.

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